El periodismo regional se encuentra en vilo. En una cama de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital de Tingo María, el periodista Mitzar Castillejos Tenazoa libra hoy su batalla más difícil tras ser blanco de un cobarde ataque de sicariato que buscaba silenciarlo para siempre.
El diagnóstico: Entre el plomo y la resistencia El reporte médico es tan técnico como desgarrador. No fue un susto, fue un intento de ejecución: el cuerpo de Arroyo fue perforado por seis impactos de bala. Aunque logró sobrevivir al ataque inicial, su estado se ha tornado crítico en las últimas horas debido a una efusión pleural; una tomografía de control reveló que sus pulmones presentan un derrame que le dificulta la respiración y le provoca cuadros de fiebre.
“No es crítico, pero sí para seguir estudiándolo”, señaló el director del hospital de Tingo María, Ricardo Díaz Bardales, al explicar por qué el colega depende ahora de apoyo de oxígeno en UCI. A este cuadro se suma una dolorosa fractura expuesta conminuta en su brazo, donde un proyectil destrozó el hueso, dejando una herida que requiere una cirugía de alta complejidad que el hospital local no puede realizar por falta de especialistas.
Un traslado urgente y un vacío institucional La urgencia es máxima. «He decidido referirlo a la ciudad de Huánuco para hacerle una resonancia y, de ser posible, referirlo a Lima», sentenció el director, ante la ausencia de cirujanos de tórax y cardiovasculares en la zona. Sin embargo, mientras el colega lucha entre el dolor y la vigilancia policial de 24 horas, el médico denunció un vacío ensordecedor: ni la Presidencia, ni el Congreso, ni la Defensoría del Pueblo se han comunicado para facilitar el apoyo que la vida de Mitzar exige.
Bajo la sombra del peligro Incluso en el hospital, el miedo persiste. El área donde descansa Arroyo permanece bajo resguardo de dos efectivos policiales, un recordatorio constante de que la amenaza sigue latente. Hoy, Mitzar Castillejos no es solo un paciente; es el rostro de un periodismo herido que espera, con el pulmón comprometido, que el Estado no le dé la espalda en su hora más oscura.