Hace 18 años, Jorge Fossati le pedía perdón a su país, Uruguay, por “ser el primer responsable” de perder ante Australia el repechaje rumbo al Mundial 2006. Hoy, el Perú se encomienda en sus manos, en su basta experiencia. Y el profesor, a sus 71 años, asume el reto -”más grande que el de la ‘U’”, según su propio representante- como una revancha que le da el fútbol, la vida. “Sueño con el Mundial”, dijo a su arribo a Lima, ayer por la tarde. Su sueño es el de todos.
“Loco no soy, estoy convencido de que se puede (clasificar). Esté yo o quien sea. Falta mucho. Estoy convencido que asumimos algo que se puede. De aquí a dos años veo a Perú en el Mundial”, añadió.
Es cuestión de horas para que el charrúa sea oficializado como nuevo técnico de la Bicolor. El contexto en el que asume es el mismo que cuando tomó las riendas de la selección de su país. En 2004 reemplazó a Juan Ramón Carrasco, ahora a Juan Máximo Reynoso. Y la tarea (obligación) no es otra que sacarnos del fondo de la tabla de posiciones (dos puntos en seis fechas de las Eliminatorias) para empezar a soñar con el Mundial de 2026.
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Los primeros pasos de Don Jorge en este nuevo camino estarán envueltos entre despedidas, recibimientos y planificación. El entrenador se reunirá con Jean Ferrari, administrador de Universitario, para agradecerle dos cosas: 1) haber apostado por él para llegar al Perú; y 2) dejarlo ir pese a que el proyecto del centenario del club se quedará -de momento- sin líder.
Fossati luego se reuniría con el Directorio de la FPF y con Juan Carlos Oblitas, el director general de fútbol que tuvo que mentir para ir a verlo a Uruguay. Con el Ciego, el DT empezará la planificación para revivir a la Bicolor: los amistosos de marzo en Europa serán vitales, además de la Copa América que se jugará a mediados de 2024. Luego volverá a su país para resolver algunos asuntos.
Fuente: El Comercio